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lunes, 17 de marzo de 2014

entr # 31 EL FANATISMO- Amalia Domingo Soler- PRIMERA PARTE

  I
Entre las muchísimas debilidades e imperfecciones de que adolece la raza humana, el fanatismo es quizá (y sin tal vez) el más trascendental de nuestros defectos, y el que más perjudica a todas las instituciones sociales, sean polí­ticas o religiosas, artísticas o científicas y sobre todo a la que compone la familia y hogar doméstico, constituyendo entre sí la vida y centro de acción moral e intelectual del hombre.



Esa calentura, esa especie de excitación nerviosa, ese vér­tigo que nos domina, es el cloroformo de la razón; el hom­bre fanatizado es una máquina, es una cosa, es un juguete, con el cual juegan a discreción todos aquellos que saben halagar las pasiones, convirtiéndolas en vicios, que lo enlo­quecen por completo.
Tal vez algunos me dirán que sin fanatismo no hubiese habido mártires: ciertamente que no; pero es que yo a los mártires no los encuentro necesarios: las víctimas y los sacrificios son consecuencias de las aberraciones humanas más no indispensables para Dios.
¿Cómo ha de querer el Eterno el tormento y la descom­posición multiplicada de sus hijos, cuando en su infinito amor ha puesto a nuestro alcance millares y millares de mundos donde progresar y vivir? Nosotros, y únicamente nosotros, somos los fatalistas visionarios que decimos: Dios lo quiere; no, no es Dios, es nuestra vida pasada, es nuestro ayer al parecer perdido, más hallado, y muy hallado por cada individuo relativamente, sin perderse ni una sonrisa; sin evaporarse ni una lagrima: pera... dejaré la digresión volviendo los ojos al punto de partida, que me sirve de estrella polar en mi presente trabajo.
El fanatismo es innegable que empequeñece cuanto toca, porque produce la fe ciega, y ésta no permite analizar ni juzgar; no hace más que creer, y esto no es bastante es necesario saber el por qué se cree; he aquí la razón, porque no quiero que el fanatismo se apodere de ninguna religión, ni escuela filosófica, sea cual sea, porque los fanáticos son intolerantes, quieren siempre imponerse y para mí el dere­cho de la fuerza es la osadía de la flaqueza.

Fatal es la influencia de ese enemigo capital de todos los hombres, pero causa mucho más estrago en las inteli­gencias débiles y limitadas; a esas desgraciadas criaturas las convierte en bufones de la sociedad, y desdichado de aquel que nos inspira una compasión risueña o festiva porque éste sentimiento sui generis no sólo destruye el valor moral de aquel ser únicamente, sino que se apodera, de la escuela o religión a que pertenece, haciendo recaer en ella el ridículo en absoluto; por esto, repito, y no me can­saré de repetirlo, esos pobres fanáticos, con la más sana intención, están sirviendo de testigos falsos para dar fe de un hecho que no conocieron.
El Espiritismo tiene también estas limas sordas, enemigos inconscientes, pero temibles, que si bien no le derriban, porque éste es inconmovible, empero arrojan el agua del sarcasmo social sobre sus piedras angulares, y los cimientos sino  flaquean, al menos parece que se van hundiendo en arena movediza.
Estos puntos negros son los de los hombres fanatizados, que se empeñan en ser médiums a viva fuerza; porque muchos creen que no siendo médiums, no se puede ser espiritista: necedad para la cual no encuentro adjetivo que la califique, ¡y cuánto daño no hace ese inocente deseo...!  ¡Y a cuántas burlas da  lugar, entorpeciendo y debilitando nuestra propaganda!
Dice un refrán: “Que los tontos ni para santos sirven”, y añade otro: «Que es necesario tener un poquito de Dios y otro poco del diablo», dando la última pincelada aquel de: “El que tontamente peca, tontamente se condena”.
Yo tengo un gran placer en estudiar en ese álbum universal que han formado los proverbios populares, dípticos, anómicos, aforismos sapientísimos, profundas sentencias que sin abrigar  pretensiones, son el índice de la historia de este y cuando encuentro en mi camino a una de esas almas  cándidas que se impresionan, y no raciocinan, no puedo menos de exclamar: bien dicen que los adagios son, manifestaciones de la verdad, simplificados  y puestas al alcance de todas las inteligencias.

Hace  tiempo que conozco a un tipo especial, que quiero retratar, para que todo aquel que tenga conciencia de sí mismo y estudie las doctrinas espiritistas, lo contemple con detenimiento y trate de no parecerse a él: primero, para no perjudicar a la idea colectiva; segundo, para no convertirse  en histrión o payaso, que es el papel  más triste y más secundario que podemos representar en la comedia de la vida; porque no sabe hacerse valer y respetar por  si mismo ¿qué considera ración puede pedir a los demás? Ninguna absolutamente ninguna.
CONTINUACIÓN….SEGUNDA PARTE…próxima entrega
TOMADO DEL LIBRO: Ramos de Violetas -Amalia Domingo Soler-
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